’ Dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan ’



Guardar la palabra con la vida

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’ Dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan ’

Religión

Octubre 11, 2020 20:45 hrs.
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La Palabra de Dios

Lunes 12 octubre, 2020

Primera lectura
Gal 4, 22-24. 26-27. 31–5, 1
Hermanos: Dice la Escritura que Abraham tuvo dos hijos: uno de la mujer que era esclava y el otro de la que era libre. El hijo de la esclava fue engendrado según las leyes naturales; el de la libre, en cambio, en virtud de la promesa de Dios.

Esto tiene un sentido simbólico. En efecto, las dos mujeres representan las dos alianzas: Agar representa la del monte Sinaí, que engendra esclavos y es figura de la Jerusalén de aquí abajo. Por el contrario, la Jerusalén de arriba es libre y ésa es nuestra madre. A este respecto dice la Escritura: Regocíjate tú, la estéril, la que no das a luz; rompe a cantar de júbilo, tú, la que no has sentido los dolores del parto; porque la mujer abandonada tendrá más hijos que aquella que tiene marido.

Así pues, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre. Cristo nos ha liberado para que seamos libres. Conserven, pues, la libertad y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 112, 1-2. 3-4. 5a y 6- 7
R. (cf. 2) Bendito sea el Señor, ahora y para siempre.
Bendito sea el Señor,
alábenlo sus siervos.
Bendito sea el Señor,
desde ahora y para siempre. R.
R. Bendito sea el Señor, ahora y para siempre.
Desde que sale el sol hasta su ocaso
alabado sea el nombre del Señor.
Dios está sobre todas las naciones,
su gloria, por encima de los cielos. R.
R. Bendito sea el Señor, ahora y para siempre.
¿Quién hay como el Señor?
¿Quién iguala al Dios nuestro,
que tiene en las alturas su morada,
y sin embargo de esto,
bajar se digna su mirada
para ver tierra y cielo? R.
R. Bendito sea el Señor, ahora y para siempre.
El levanta del polvo al desvalido
y saca al indigente del estiércol,
para hacerlo sentar entre los grandes,
los jefes de su pueblo.
R. Bendito sea el Señor, ahora y para siempre.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Sal 94, 8
R. Aleluya, aleluya.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
’No endurezcan su corazón’.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 11, 29-32
En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: ’La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás’’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús
Reflexión del Evangelio de hoy


Orando con María, el pilar de la fe
Los Apóstoles junto con otros discípulos y algunas mujeres regresan a Jerusalén después de haber asistido a la Ascensión del Señor. Y en la estancia superior perseveraban en la oración. De forma muy discreta se menciona a María la madre de Jesús.

En su síntesis, Lucas nos descubre toda la misión de María. Y también nos descubre cómo tenemos que comportarnos nosotros: permanecer siempre perseverantes en la oración, junto a María; orar en común junto a los que comparten con nosotros la fe y hacerlo bajo la mirada maternal de María es lo que hace crecer la comunión y la esperanza. Ella sostuvo la fe de la Iglesia naciente cuando el Señor volvió después de su Resurrección. La pregunta ’Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?’, encuentra su respuesta en la actitud de María.

El salmista nos revela que siente su vida iluminada por el Señor en los momentos difíciles y de grave peligro y experimenta su salvación. A quién temeré, se pregunta, si el Señor es la defensa de mi vida. Aunque me declaren la guerra, me siento tranquilo.

Su oración es una contemplación de la protección del Señor hacia él.

Nuestra Señora: ¿no pudo constatar cómo la sombra protectora de Dios la cubría, la protegía en su tienda, la alzaba sobre la roca de su poder omnipotente porque su designio salvador la conducía? Ella dio gloria a Dios.

Guardar la palabra con la vida
El Evangelio de hoy es muy breve, leer esos dos versículos solos sorprende, sientes deseos de comprender su significado. Necesitas leer el capítulo 11 de Lucas para conocer de dónde proceden y cuál es su contenido, su sentido exacto y por qué están ahí. Estos dos versículos constituyen el centro de una composición que comienza con una enseñanza a los discípulos: enséñanos a orar. Para ver a Jesús de inmediato ocupado en un exorcismo: Ante el poder liberador de Jesús nos alegramos, y ante las ideas e imágenes que el galileo opone a las calumnias y tentaciones de sus adversarios, ellos le acusan de estar al servicio del mal.

Entra en escena la mujer, y termina el capítulo con un ataque a los fariseos que también piden un signo. Jesús se niega a ofrecerles el signo del cielo que le exigen, en realidad le exigen que elimine la fe y la ambigüedad a toda actividad humana. Jesús les echa en cara a sus oyentes su falta de lucidez espiritual, su falta de fe en las escrituras que hablan de Él. Nos alerta el Evangelio para que no caigamos en la misma ceguera en que cayó la generación de Jesús. Él es más que Salomón y que Jonás.

Pero centrémonos en la mujer. «Estaba él diciendo estas cosas cuando alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: « ¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!»

Es como una brisa llena de gozo que cruza todas las escenas y que expresan toda la belleza que ella ha captado de toda la persona de Jesús. ¿No podemos imaginar su rostro risueño, radiante de luz por la cautivadora belleza del Nazareno? ¿No podemos percibir a la vez la mirada de Jesús mirando con rostro alegre e iluminado mientras le responde a la mujer con una doble bienaventuranza: «Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan.»?

Nos vamos dando cuenta que la doble bienaventuranza proclamada por Jesús nos pone en el centro más nuclear de ser o no creyentes. De aceptar ser discípulos o ser de los que piden signos como fruto de su duda o falta de fe. Me buscáis les dirá Jesús, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.

Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan: Escuchar la palabra de Dios es como el tema principal, sinfonía grandiosa que abarca toda la historia de la humanidad.

No nombró a la mujer que lo llevó en su seno y lo crió a sus pechos, no. Sin embargo, todo hace pensar que quizás sí se refería a ella, a esa mujer que lo acogió en su corazón y en su fe inquebrantable en el Dios de Abrahán, de Isaac y Jacob, al que ella le abrió su vida y su ser para que obrara en ella según el poder de su palabra…. ¿Qué tiene su palabra? Nada puede resistir a su voz. Hace todo cuanto dice.Ella así lo había aprendido escuchando en la sinagoga la palabra de Dios. Ella lo sabía y lo creía, y se lo comunicó a Gabriel emisario de Dios: Hágase en mí según tu palabra. Según la palabra del que te ha enviado.

Ella acogió la palabra haciéndola carne y vida de su vida. La escuchó, la contempló creciendo, la guardó rumiándola toda su vida, hasta en las horas más negras y dolorosas, creyó con el poder del que la guardaba a su sombra. No puso condiciones, sino que abrió su ser para que en ella mostrara su omnipotente poder, el designio salvador de su corazón.
Sor María Rosario Botella O.P.
Monasterio Santo Domingo de Guzmán (Sant Cugat del Vallès)


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