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’ El que tenga oídos que oiga ’



De la comodidad que esclaviza a la libertad como aventura en la fe

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’ El que tenga oídos que oiga ’

Religión

Julio 20, 2021 22:24 hrs.
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La Palabra del Dios

Miércoles 21 julio 2021

Lectura I
Ex 16, 1-5. 9-15
El día quince del segundo mes, después de salir de Egipto, toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elim y el Sinaí.

Toda la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: ’Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud’.

Entonces dijo el Señor a Moisés: ’Voy a hacer que llueva pan del cielo. Que el pueblo salga a recoger cada día lo que necesita, pues quiero probar si guarda mi ley o no. El día sexto recogerán el doble de lo que suelen recoger cada día y guardarán una parte para el día siguiente’.

Moisés le dijo a Aarón: ’Di a la comunidad de los israelitas: ‘Vengan ante la presencia del Señor, porque él ha escuchado las quejas de ustedes’ ’. Mientras Aarón hablaba a toda la asamblea, ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del Señor, que aparecía en una nube.

El Señor le dijo a Moisés: ’He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles de parte mía: ‘Por la tarde comerán carne y por la mañana se hartarán de pan, para que sepan que yo soy el Señor, su Dios’ ’.

Aquella misma tarde, una bandada de codornices cubrió el campamento. A la mañana siguiente había en torno a él una capa de rocío que, al evaporarse, dejó el suelo cubierto con una especie de polvo blanco, semejante a la escarcha. Al ver eso, los israelitas se dijeron unos a otros: ’¿Qué es esto?’, pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: ’Este es el pan que el Señor les da por alimento’.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor Jesús


Salmo Responsorial
Del Salmo 77
R. (24b) El Señor les dio pan del cielo.
Quisieron poner a prueba a Dios
pidiéndole comida a su capricho
y murmuraban contra él diciendo:
¿Podrá Dios prepararnos un banquete en el desierto’?
R. El Señor les dio pan del cielo.
Entonces el Señor mandó a las nubes
que abrieran las compuertas de los cielos;
hizo llover maná sobre su pueblo,
trigo celeste envió como alimento.
Así el hombre comió pan de ángeles.
Dios le dio de comer en abundancia.
R. El Señor les dio pan del cielo.
Hizo soplar desde el cielo el viento Este
y dirigió con su fuerza el viento Sur.
Hizo llover carne como una polvareda
y que llovieran aves como arena del mar.
Dios las hizo caer en medio del campamento,
en torno a sus tiendas de campaña.
R. El Señor les dio pan del cielo.


Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo;
todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre.
R. Aleluya.


Evangelio
Mt 13, 1-9
Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

’Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

De la comodidad que esclaviza a la libertad como aventura en la fe
El relato del Génesis que hoy se proclama exige hacer memoria. La lectura continuada de los textos sagrados es importante para entender y seguir el hilo de la historia de la salvación. Israel y la multitud de esclavos que salieron en masa de Egipto, clamaban por la libertad. Un clamor escuchado, un vil sometimiento a un gobernante que deshumaniza, mirado por Dios. Una determinación del Dios de los Padres para sacarlos de esa situación. Sacarlos y llevarlos a la tierra de la Promesa. Una tierra idealizada separada del compromiso que supone ponerse en camino.

No es liberación fantástica que traslada de un lugar a otro sin hacer el camino. De pronto los israelitas caen en la cuenta que las alegrías de la salida hacia la libertad encierran trabajo, esfuerzo y tener que crecer en libertad. Que eso hay que aprenderlo y el sufrimiento del esfuerzo está contenido en la experiencia de la libertad. Israel no sabe cómo manejar esa situación. Parece que sus ilusiones se ha desvanecido.

El texto así lo relata: «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad. » El clamor se torna nostalgia de las seguridades de antaño: olla de carne y pan hasta hartarse. No tenían libertad, pero lo preciso lo tenían. Por lo visto era más importante que ser libres.

La lección viene a continuación. El Dios de los Padres que había escuchado su clamor, sigue escuchando sus quejas y lamentos. Pero en su determinación de cumplir las promesas hechas a Abrahan y su descendencia, les dará carne y pan. A la pregunta de ellos: ¿qué es esto? Moisés les dirá: este es el pan que Dios os da. De eso presumirán sin entender. Jesús les hará ver, que el Padre es el que da el verdadero Pan del Cielo. El Pan que da la Vida. Su Palabra que hace libres. La invitación de Jesús a embarcarse en la aventura de la fe, propia de todo verdadero creyente, merece una respuesta consciente y comprometida.

Israel tendrá que aprender a fiarse de Dios, a reconocer al Dios de sus Padres y eso les llevará toda su historia como Pueblo y tendrán que aprender, desde la aventura de la libertad en la fe, que sólo cuando se prueba la libertad que Dios otorga, nada de lo pasado tendrá la garra suficiente para hacer retroceder en el camino emprendido.

El que tenga oídos que oiga
Junto al lago Jesús enseña a la multitud que le cerca. Las parábolas, tomadas de la vida diaria de aquella gente, eran escuchadas con atención, pero reclaman también el deseo de aprender lo que en ellas se contiene, más allá del sentido común. El sembrador todos sabían cómo procedía: arroja la semilla en un campo no preparado al modo occidental. Hay sendas que la gente ha abierto para atajar por medio del campo. Hay piedras, abrojos, espinos. Hay una tarea que se llevará a cabo. La gente está viendo la imagen que se ofrece en la parábola. Lo importante es recibir la semilla y dejarse roturar, para que al tiempo que se pasa el arado, esos senderos desaparezcan, las piedras sean retiradas, los matojos y espinos arrancados, quedando la tierra toda como tierra buena. En el surco la tierra se abre, acoge la semilla y la cubre, haciendo posible que pueda dar fruto. Es la tarea del sembrador.

Y que debe ser así se desprende de las afirmaciones de Jesús dirigidas a todos y a cada uno, en su circunstancia concreta. Esas circunstancias son las propias de la vida de cada uno. Sin duda aparecen todas las complicaciones señaladas en la parábola: el borde del camino; terreno pedregoso; zarzas que crecieron y ahogaron la semilla; buena tierra que produce buen fruto.

Jesús ha puesto a la gente a pensar mientras va narrando. Si no se piensa en el modo de acoger la semilla, se frustrarán sus posibilidades, no por ella, sino por las circunstancias. Es la aventura de la fe que en medio de ellas se torna operativa. Habiendo escuchado con atención y empeño la enseñanza hay que responder. Es lo que se sigue del ’el que tenga oídos, que oiga.’

Hay que dejar a un lado la comodidad que proviene de esperar que todo se nos dé hecho. Y en el seguimiento de Cristo no tienen cabida la comodidad ni la pasividad. Tienes oídos, pues que cumplan su función que no es otra que oir/escuchar para entender y aplicar. Lo tuvo que hacer Israel en el desierto y le llevó cuarenta años. Lo tenemos que hacer nosotros y nos llevará toda la vida. Así es la aventura de la fe: el paso de la esclavitud cómoda a la libertad que compromete. ¿Cuáles son mis circunstancias? ¿Qué hago yo en medio de ellas?
Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)


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