’ Este es mi Hijo Amado: Escuchadlo ’
‘Resucitar de entre los muertos’.
Viernes, 18 de Febrero de 2022 21:48 hrs.
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Internacional / México
La Palabra de Dios
Sábado 19 febrero 2022
Primera lectura
Sant 3, 1-10
Hermanos míos: Que no se pongan tantos de ustedes a enseñar como maestros, pues a los que enseñamos se nos juzgará con mayor severidad.
Todos fallamos en muchas cosas y quien no falla al hablar es hombre perfecto, capaz de dominar todo su cuerpo. Piensen que a los caballos les ponemos el freno en el hocico para hacerlos obedecer y para dirigir, así, todo su cuerpo. Fíjense también en los barcos: son muy grandes, los empujan vientos muy fuertes, y sin embargo, el piloto los dirige a su arbitrio, por medio de un pequeñísimo timón. Pues lo mismo pasa con la lengua: es un órgano muy pequeño y se cree capaz de grandes cosas.
Bien saben ustedes además, que un fuego insignificante incendia todo un bosque. Pues la lengua es un fuego y encierra en sí todo un mundo de maldad. Es uno de nuestros órganos, y sin embargo, contamina al cuerpo entero; prendida por el infierno, incendia todo el curso de nuestra existencia.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor
Por otra parte, toda clase de fieras y aves, de reptiles y animales marinos se pueden domar y han sido domados por el hombre; pero ningún hombre ha podido domar la lengua, que es una constante amenaza, cargada de veneno mortal. Con la lengua bendecimos al que es nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, creados a imagen de Dios. De la misma boca salen bendiciones y maldiciones. Hermanos míos, esto no debe ser así.
Salmo Responsorial
Del Salmo 11
R. Tú nos protegerás, Señor.
Sálvanos tú, Señor, porque ya no hay
ni bondad ni lealtad entre los hombres.
No hacen más que mentirse unos a otros,
siempre hablan con doblez sus corazones. R.
R. Tú nos protegerás, Señor.
Extermina, Señor, a los hipócritas
y a los que dicen, fanfarrones:
"La lengua es nuestra fuerza,
¿quién será el que se atreva a darnos órdenes?" R.
R. Tú nos protegerás, Señor.
Tus palabras, Señor, sí son sinceras,
son plata refinada siete veces.
Tú nos protegerás, Señor,
nos librarás de esta gente para siempre. R.
R. Tú nos protegerás, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Cfr Mt 17, 5
R. Aleluya, aleluya.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía:
’Éste es mi Hijo amado; escúchenlo’.
R. Aleluya.
Evangelio
Mc 9, 2-13
En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: ’Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.
Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: ’Éste es mi Hijo amado; escúchenlo’. En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de ‘resucitar de entre los muertos’.
Le preguntaron a Jesús: ’¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?’ Él les contestó: ’Si fuera cierto que Elías tiene que venir primero y tiene que poner todo en orden, entonces ¿cómo es que está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Por lo demás, yo les aseguro que Elías ha venido ya y lo trataron a su antojo, como estaba escrito de él’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús
Reflexión del Evangelio de hoy
Si hay uno que no falte en el hablar es un hombre perfecto
La primera lectura que nos presenta el apóstol Santiago condensa una profunda realidad humana; con ella pretende advertirnos de nuestra forma de actuar y hablar, porque esa actitud es reflejo de nuestra forma de amar. El crecimiento y la maduración como discípulos de Jesús lleva de alguna manera al cultivo de uno mismo, al dominio de sí.
Santiago se vale de una serie de imágenes para que quede claro su mensaje: el bocado que se le pone a un caballo para que pase de un estado salvaje a un estado en el que muestre su mejor destreza y potencial para la doma clásica; el barco que guiado por un pequeño timón resiste las potentes olas del inmenso mar de la vida. Bocado o timón pueden parecer algo rígido, pero pretenden ser reflejo del dominio de uno mismo, y repiten la misma referencia que Dios dio al pueblo elegido antes de entrar en la tierra prometida: "ante ti pongo el bien y la vida, el mal o la muerte ... elige" (Dt 30, 15.19).
La imprudencia o los descuidos son como una pequeña chispa que prende un cañaveral hasta reducirlo a simples cenizas. Y lo que era un ecosistema vital se ve reducido a muerte. Con la lengua animada de la calumnia, las palabras hirientes, o mortíferas se llega a destruir las relaciones fraternas. Nuestra actitud como cristianos no puede ser como lo que denuncia el salmo 62: «con la boca bendicen, con el corazón maldicen», porque la sabiduría bíblica sabe que el hecho de arremeter contra alguien es como empujar contra una tapia ruinosa que acaba en el suelo. Sin embargo, Jesús expresa en su infinito amor que cada vez que se lo hicimos a uno de esos pequeños, que son su imagen, se lo hicimos al mismo Cristo (Mt 25, 40).
Este es mi Hijo Amado: Escuchadlo
El Evangelio nos sitúa en un contexto un tanto particular, en la altura de una montaña. Es el espacio de la cercanía e intimidad con Dios, y en su cima se acorta la distancia entre lo humano y lo divino. Allí se fomenta la relación interpersonal con Dios, pues -según la imagen clásica- al estar más cerca del cielo se puede dialogar con el Hacedor sin dificultad y la súplica es escuchada. Aparece también al inicio un verbo que nos habla precisamente de la intimidad que precisa el discípulo para llenarse de la enseñanza del Maestro: «llevó consigo». A los que pertenecen a su grupo, Jesús «los lleva consigo».
El Maestro se transfigura ante sus discípulos. El escenario se llena de luz, que en definitiva viene a apuntar la misión del mismo Cristo: su pasión, muerte y resurrección. Y en esa misión estamos incorporados todos los discípulos, todos los bautizados. Entrar a formar parte de la luz de la resurrección, y la misión de ser luz en medio de un mundo alcanzado por las heridas de tantas tinieblas es la tarea de los que siguen a Jesús.
La voz del Padre nos marca el camino de entrada en la luz de la resurrección. Solo pasaremos allí si somos capaces de escuchar a su Hijo Jesucristo. Su vida, acciones, gestos, miradas de ternura, su capacidad de sentir compasión, etc, son las ráfagas de luz que nos ha dejado el Nazareno, con las que ha ido sanando las heridas del mundo. La luz que vino a los suyos y los suyos no fueron capaces de percibir (Cf. Jn 1, 11). La luz que nos habla de un amor entregado hasta el final, de pan partido y sangre derramada que se hace ofrenda transfigurada por su amor.
Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.
Convento de Santo Tomás (Sevilla)
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