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Presente lo tengo yo

Arteaga, mágico pueblo

Armando FUENTES AGUIRRE

Arteaga, mágico pueblo

Periodismo

Octubre 10, 2021 15:12 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Armando FUENTES AGUIRRE › guerrerohabla.com

Don Antonio Dávila, alcalde de Arteaga allá en tiempos muy pretéritos, le pidió a uno de sus empleados, un cierto sujeto apodado El Moyote, recaudador de impuestos, que dijera el discurso oficial en la ceremonia del 5 de mayo. En la plaza, frente al recinto de la Presidencia, se había levantado un monumento con las efigies de Hidalgo, Morelos, Zaragoza y Juárez. Tras los honores a la bandera se oyeron las consabidas recitaciones de los niños: ’Era la aurora; el sol resplandecía...’’, y luego subió a la tribuna, de negro frac vestido, engominada la hirsuta cabellera, aquel cobrón Moyote.

’Vengo a este tapanco así de fraque −prorrumpió con magnílocuo acento− debido a las consideraciones que me tiene mi compadre, el licenciado Mariano Sánchez, y mi comadre Juanita, que presentes están. Él me prestó su fraque, y la comadre me lo planchó, de lo cual doy muchas gracias. Presente estoy también ante estos grandes señores, encopetadas damas y hermosa juventud que apenas está empezando a jilotear.

’No hablo tan bien como don Jesús Cárdenas, el pico más largo de la Villa. Pero saludo a esta caterva de libertadores que tengo delante. El señor Cura Hidalgo, hombre bueno y bastante servicial, y don José María Morelos. Basta que sean ministros de la Iglesia para que yo los respete. Recibieron de Dios el poder de traer la justicia a la Tierra, y de parte de ellos he recibido yo la encomienda de repartirla en todos los cañones, desde El Tunal hasta El Huachi. Mucho se los agradezco.

’Este otro del caballito es el General Zaragoza. Con él se dieron tres sentones los extranjeros. Se me figura este glorioso general el Apóstol Santiago, que dicen los Evangelios era el mejor de todos los apóstoles p’ al jaripeo y la mangana.

’Pero más p’acá está otro que se agazapa entre la gloriosa gavilla pa’ que yo no lo mire. Sí lo miro, y muy bien, pues revuelto entre estos honorables héroes parece mosca en leche. Es este indio manducas, fiel retrato de Barrabás, más negro que la sombra y más diablo que el propio Lucifer. ¿Quién? ¡Juárez, señoras y señores, que pretendió llevarse entre las patas los derechos divinos de la religión y de sus fueros! Fue éste el que me quiso quitar el pan de la boca prohibiéndome con sus nefastas leyes cobrar a punta de pistola los diezmos, primicias y limosnas a cambio del enorme beneficio en indulgencias que derrama a manos llenas la Santa Madre Iglesia entre las gentes pa’ que se multipliquen sus ganados y cosechas.

’Pero te topaste en macizo, indio zorrón, porque ahora soy juez general de congregaciones, con derecho a alta y baja justicia en monte y llano. Y gran dolor me causa no tenerte delante en persona, como te tengo en retrato, pa’ cobrarme el agravio a garrotazo limpio, como hereje que eres, o a pedradas, pues no tengo carabina Réminton o pistola mitihueso. (Quería decir Smith y Wesson).

’Eso se lo digo a este Barrabás,
y a ustedes señoras y señores, juventud dorada, les digo que así como abordé la tribuna ahora la desabordo. He dicho’’.

Con sonorosas carcajadas celebró la concurrencia el estrambótico discurso del Moyote, a quien saludaron con aplausos chocarreros. Por muchos años duró la memoria
de aquella peroración: cuando los arteaguenses oían algún despropósito o sandez solían decir: ’Habló el Moyote y dijo’’.


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