Catalina de Bustamante. Primera educadora de américa, en Texcoco - Era terciaria seglar de la Orden de San Francisco por debajo de los frailes - Texcoco - esferaperiodistica.com.mx

Catalina de Bustamante. Primera educadora de américa, en Texcoco


Era terciaria seglar de la Orden de San Francisco por debajo de los frailes

| Roberto Antonio Huerta Paniagua | Desde Divergencias Informativa

Cultura

Noviembre 15, 2021 07:18 hrs.
Cultura Internacional › México
Roberto Antonio Huerta Paniagua › Divergencias Informativa

Catalina de Bustamante nació alrededor de 1490 en Llerena, Extremadura, Castilla; y probablemente era de una familia con hidalguía, ya que sabía leer y escribir, y solamente las mujeres nobles o hidalgas lo sabían. En esa época era muy raro en que las mujeres comunes supieran leer y escribir.

No se sabe sobre la infancia y adolescencia de Catalina. La primera referencia de ella se encuentra en los libros de pasajeros a Indias de la Casa de Contratación. Catalina de Bustamante parte de Sanlúcar de Barrameda hacia Las Antillas el 5 de mayo de 1514 junto con su esposo, Pedro Tinoco, sus dos hijas, María y Francisca, y las hermanas de su marido, María y Juana.

Catalina de Bustamante era terciaria seglar de la Orden de San Francisco, por debajo de los frailes y las monjas en la jerarquía de esa orden. Estas personas podían casarse y tener hijos, pero seguían una serie de normas estrictas en su vida diaria.

Después de varias semanas de viaje, la familia Tinoco Bustamante desembarca en Santo Domingo. No hay datos fehacientes de la vida de la familia en esa isla.

Es probable que Catalina comenzara ahí su vocación como maestra, enseñando a las hijas de capitanes y nobles que estuvieran en ese lugar.

Años después, Catalina enviuda y se traslada a México junto a sus hijas; y viendo las injusticias, que sufrían las niñas indígenas en Nueva España, decide cambiar esa situación. Aprovechando su pertenencia a los franciscanos, contacta con Fray Toribio de Benavente, y este consigue que la Orden le ceda un antiguo palacio en Texcoco, que se afirma perteneció a Nezahualcoyitzin, y en donde estableció un colegio para niñas indígenas.

En ese colegio enseñaba religión católica a niñas y jóvenes, condición impuesta por los franciscanos para cederle el palacio. Y que fueran pipiltzin (hijas de cacique y principales para que su influencia fuera mayor en la población nativa). Ahí se impartía catecismo, la concepción del espíritu, el cuerpo como un templo sagrado y a combatir las manifestaciones idolátricas. Paralelamente, les enseñaba a las niñas y jóvenes a hablar el castellano, a leer y escribir, la ’correcta’ manera de vestir y las virtudes del matrimonio monógamo.

De esta forma, intentó que las niñas indígenas dejaran de ser consideradas en su sociedad como mercancía para sellar alianzas entre tribus de la zona con matrimonios arreglados, y que empezaran a considerarse con el derecho a elegir a sus propios esposos y formar una familia monógama sin que sus padres tuvieran poder de decisión. Algo bastante revolucionario entre los indígenas del siglo XVI.

Catalina desde el principio tuvo que rodearse de un grupo de mujeres que tuvieran dotes pedagógicas y supieran la lengua náhuatl, ya que prácticamente todas las alumnas del colegio desconocían aún el castellano.

Disponían de una rudimentaria cartilla para enseñar a leer y escribir según el método silábico En la primera página se mostraba el alfabeto y las vocales. Posteriormente, se presentaban las sílabas que formaban vocales y consonantes.

Finalmente, mediante signos, cedillas y rayas, se indicaban las variantes de pronunciación de las consonantes. Con este método de enseñanza se enseñó a leer y escribir hasta la segunda mitad del siglo XX.

Además de aprender a leer y escribir, Catalina dedicaba gran parte del día a las clases prácticas. Las alumnas aprendían la forma de vestir y hablar de las doncellas españolas; administración doméstica, esto es, cocina, atención al esposo e hijos. Y cuando ya eran adolescentes, se les instruía en un oficio. Ya fuera para una actividad social o una religiosa, se trataba, pues, de enseñarles las costumbres españolas.

Todo iba bien en el colegio hasta que una noche del mes de mayo de 1529, el alcalde mayor de la Villa de Antequera del Valle de Guaxaca, Juan Peláez de Berrio, enamorado de una doncella de nombre Inesica, hija de un cacique local, y que estudiaba en ese colegio, mandó a unos indios a que la raptaran junto con su criada, de origen mexica. Y las sacaron por la barda de la huerta del convento, actualmente hacia la calle de Arteaga.

Catalina se indignó y esa misma noche visitó al obispo Juan de Zumárraga, exigiendo la devolución de sus alumnas. El obispo mandó a sus tropas al palacio de Peláez de Berrio, pero éste no se encuentra allí.

Entonces, Zumárraga, dando misa, instó al raptor a que devolviera a las muchachas y que pagara una multa por los daños morales que las niñas y el colegio habían sufrido.

Pero viendo Catalina de Bustamante que las proclamas de Zumárraga no daban frutos, denunció a Peláez de Berrio a la Audiencia de México, pero ésta la presidía un hermano del plagiario y este consigue acallar el tema. Pero Catalina no se rinde y escribe una carta al Rey Carlos, avalada por Zumárraga y por los franciscanos que impartían clase en el Valle de México.

El Rey no se encontraba en la Península cuando la carta de Catalina llegó, ya que se encontraba viajando por Europa ultimando su coronación como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Así que la carta fue leía por Isabel de Portugal, esposa del Rey y la que atendía los asuntos de Estado cuando su marido estaba de viaje por Europa. La Reina se indigna con el rapto de las muchachas y a su vez queda impresionada por la labor educativa que se está realizando en México.

Isabel enseguida ordena a su secretario que responda a Catalina de Bustamante; y en Real Cédula del 24 de agosto de 1528, fechada en Toledo y dirigida al Obispo Zumárraga, Isabel ’rogaba y encargaba que proveyera y cuidara que a las religiosas de Texcoco no se les hiciera agravio alguno’.

Una semana después, la Reina envía otra carta a los miembros de la Audiencia de México en la que confirmaba su apoyo a Catalina de Bustamante, además de prohibirles ’que a la dicha casa [el colegio] y monasterio le sean quebrantados sus privilegios e inmunidades, antes en todo se guarden como se hace en estos reinos’.

En el caso de que no lo hicieran, la reina concluía que ’serían castigados con el pago de 10,000 maravedíes para su cámara [del colegio y monasterio]’.

Posteriormente, llega a manos de Isabel de Portugal una carta de Zumárraga, respondiendo a la carta enviada por ella. En esa carta, el obispo le relata la violencia contra las doncellas y la soberbia del alcalde Peláez de Berrio. Además, Zumárraga le narra a Isabel la falta de maestras y el enorme esfuerzo que realizan las pocas existentes en Nueva España.

Ante esta situación, la Reina designa a un fraile de su confianza que busque mujeres cultivadas y de conducta ejemplar que fueran a instruir a las niñas y mujeres de Nueva España. Así, un pequeño grupo aceptó la propuesta y estaban decididas a viajar a México para dar clases.

El grupo estaba formado por Elena Medrano, terciaria franciscana que vivía en San Juan de Bárbalos, Salamanca, quien viajaría con su sobrina; Juana Grau y su sobrina, y la viuda Catalina Hernández y su hija.

Las cinco beatas, la niña y el fraile llegaron a Sevilla a la espera de embarcarse hacia América. Pero mientras se resguardan en un convento sevillano, algunas beatas desertan debido al miedo a la travesía; pero son sustituidas por las beatas sevillanas Ana de Mesa y Luisa de San Francisco.

Finalmente, la expedición partió de Sevilla el 15 de agosto de 1530. En diciembre de ese año ya estaban todas en la Ciudad de México esperando los distintos destinos en los colegios de niñas indígenas. Al colegio dirigido por Catalina de Bustamante llegó Catalina Hernández.

Años después de la llegada de las nuevas educadoras a Nueva España, en 1535, Catalina de Bustamante decide viajar a la España para quejarse por la falta de apoyo a la labor educativa por parte de las autoridades virreinales.

Y por segunda vez, Catalina es ayudada por la Reina Isabel de Portugal, quien le concede que busque a tres terciarias franciscanas de Sevilla para que enseñaran en su colegio en Texcoco; y así, el 3 de octubre de 1535, parten de Sevilla, llegando semanas después al puerto de la Vera Cruz.

Durante la segunda mitad de la década de los 30 del siglo XVI, la labor educadora liderada por Zumárraga se desarrolla cada vez más intensamente en el Valle de México. En 1536 este obispo administraba en su jurisdicción diez colegios, con 400 alumnas aproximadamente en cada uno.

Y a inicios de la década de los 40 del mismo siglo, una primera generación de maestras nacidas en México, prácticamente todas mestizas o indígenas, fueron sustituyendo a las maestras españolas, ya que algunas habían vuelto a Castilla y otras ya habían fallecido.

Finalmente, Catalina de Bustamante, Catalina Hernández y la mayoría de las nuevas maestras mexicanas murieron debido a una epidemia de viruela que asoló Nueva España entre los años de 1545 a 1547, y la cual mató aproximadamente a 800 mil personas. Es probable que la Primera Maestra de América haya fallecido a principios de la epidemia, en el año de 1545 en esta ciudad de Texcoco.

Su legado en favor de la educación y sus intentos por mejorar las vidas de las niñas y jóvenes indígenas al intentar que dejaran de ser mercancía para sellar tratos entre caciques locales, se extendió a niñas mestizas y también a hijas de familias pobres, hasta que la viruela truncó abruptamente su loable labor.

Una estatua en su honor, frente a la puerta posterior del Conjunto Catedralicio de Texcoco y como parte del Jardín Municipal, honra su vida y obra con el lema: ’MAESTRA CATALINA DE BUSTAMANTE, PRIMERA EDUCADORA DE AMÉRICA’.

FUENTES DE INFORMACIÓN

Para la elaboración de esta pincelada cultural se consultaron los siguientes documentos impresos y sitios electrónicos:

Catalina de Bustamante. s.f. Ana Lilia Gallegos García. Historias de Texcoco. Texcoco, México. pp. 15 – 18.

’La Primera Maestra de América’. Catalina de Bustamante. 2019. Martha Ortega Cantabrana. Consejo de la Crónica Municipal de Texcoco. Texcoco, México. pp. 109 – 120.

Anónimo (2020) Catalina Bustamante, la primera educadora de América. El Diario de Ana Bolena. Disponible en: https://www.eldiariodeanabolena.com/2020/10/catalina-bustamante-la-primera.html [14/11/21]

Constenla, Tereixa. (2014) Las Exploradoras del Nuevo Mundo. Disponible en: https://blogs.elpais.com/historias/2014/02/exploradoras-del-nuevo-mundo.html [14/11/21]

Córdoba Toro, Julián. (2020) Catalina Bustamante. La primera maestra de América. La mujer española en América. Siglo XVI. (VII). Disponible en: https://iberoamericasocial.com/catalina-bustamante-la-primera-maestra-de-america/ [14/11/21]

Sanz, Javier. (2015) La Maestra Española que Luchó por las Niñas Indígenas en América. Disponible en: https://historiasdelahistoria.com/2015/02/23/la-primera-maestra-de-america [14/11/21]


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