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Orientada Mexiquense (Historia)

EL TELEGRAMA ZIMMERMANN

Antonio Huerta Paniagua.

EL TELEGRAMA ZIMMERMANN

Biografías

Abril 14, 2021 22:21 hrs.
Biografías Nacional › México Estado de México
Antonio Huerta Paniagua. › Divergencias Informativa

Hace 104 años, el 14 de abril de 1917, el Gobierno Mexicano encabezado por Don Venustiano Carranza declinaba formalmente la propuesta del Gobierno Alemán que le hiciera el embajador de ese país en México, von Eckardt, en el sentido de aliarse con su país y acercarse a Japón para combatir a los Estados Unidos de Norteamérica en la llamada Gran Guerra o Primera Guerra Mundial.

Von Eckardt le hizo saber al Varón de Cuatro Ciénegas esta arriesgada propuesta para México atendiendo las instrucciones que le diera el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Arthur Zimmermann.


Las instrucciones de Zimmermann al embajador en México fueron enviadas desde Alemania, vía los Estados Unidos, en un telegrama que a la postre se hizo famoso y se conocería en la historia mundial como ’El Telegrama Zimmermann’. Dicho telegrama, de acuerdo con las traducciones, dice:

’Tenemos la intención de comenzar el primero de febrero la guerra submarina sin restricciones. Se intentará, no obstante, que los Estados Unidos de América se mantengan neutrales.’

’Para el caso de que no sea posible lograrlo, proponemos a México una alianza sobre las siguientes bases: guerra conjunta, tratado de paz conjunto, generosa ayuda financiera y acuerdo por nuestra parte de que México podrá reconquistar los territorios perdidos de Texas, Nuevo México y Arizona.

Dejo los detalles a su excelencia [de von Eckardt].’

’Sírvase usted comunicar lo anteriormente dicho al Presidente [de México], en el más absoluto secreto, tan pronto como la declaración de guerra contra los Estados Unidos sea algo seguro, y sugiérale que invite inmediatamente, por iniciativa propia, a Japón para unirse y que haga de intermediario entre nosotros y Japón.’

’Sírvase advertir al Presidente que el uso despiadado de nuestros submarinos ofrece ahora la perspectiva de que Inglaterra sea forzada a la paz en pocos meses.’


Pero vayamos a los antecedentes.

El telegrama Zimmermann fue un comunicado diplomático secreto emitido por el Ministerio de Asuntos Exteriores Alemán el 16 de enero de 1917, y dirigido al embajador de Alemania en Washington, el Conde Johann Heinrich von Bernstorff, para ser retransmitido al embajador alemán en México, Heinrich von Eckardt.

Pero el telegrama fue interceptado y descifrado por los criptógrafos Nigel de Grey y William Montgomery de la unidad de la Inteligencia Naval Británica conocida como ’Room 40’, a cargo del almirante William R. Hall.

El Gobierno británico quería exponerle al estadounidense el contenido del telegrama, pero estaba en un dilema: si publicaba el telegrama, los jefes del espionaje alemán sabrían que su código había sido roto y lo modificarían de inmediato; y si no lo publicaban, perderían la oportunidad para que los Estados Unidos se unieran a la guerra e inclinaran la balanza hacia el lado aliado.

Había otro problema, los británicos tampoco podía mostrarle el telegrama al Gobierno estadounidense sin generar sospechas, pues debido a su importancia, el mensaje había sido enviado desde Berlín a Washington, para retransmitirse a México, por tres líneas separadas.

Los británicos obtuvieron el telegrama por una de esas líneas telegráficas, pues el gobierno de Washington les había otorgado acceso a sus líneas telegráficas diplomáticas privadas a los diplomáticos alemanes, en un esfuerzo para acelerar el proyecto pacifista del presidente Woodrow Wilson.

Los diplomáticos alemanes no estaban preocupados por el uso de esta línea telegráfica estadounidenses dado que los mensajes iban cifrados, y los Estados Unidos no tenían tecnología de decodificación, y los agentes de espionaje estadounidense no tenían órdenes de detectar y descifrar mensajes diplomáticos de otras naciones.

Además, el telegrama había sido enviado por un diplomático alemán desde la embajada estadounidense en Berlín rumbo a Copenhague, y desde ese punto remitido vía cable submarino rumbo a la embajada alemana en los Estados Unidos pasando por Gran Bretaña, donde fue interceptado.

Si los agentes británicos revelaban el origen del telegrama, hubiera significado eso admitir que Gran Bretaña también espiaba las comunicaciones diplomáticas estadounidenses, a través de las cuales viajaban los telegramas del espionaje alemán. Las consecuencias políticas hubieran sido negativas para Londres.

Por lo tanto, los británicos supusieron que la embajada alemana en Washington enviaría el mensaje hacia su embajada en México usando el sistema telegráfico comercial para evitar las sospechas estadounidenses, al tratarse de un envío de telegrama entre dos países neutrales, lo cual se llevó acabo el 19 de enero.

Para obtener nuevamente el telegrama, los agentes británicos asumieron que una copia de éste podría existir en la Oficina de Telégrafos en la Ciudad de México a manera de constancia de recepción.

Y dicha copia sí podría ser remitida por Gran Bretaña al Gobierno de los Estados Unidos argumentando que había sido obtenida por espías británicos en México, y no interceptando la línea telegráfica estadounidenses, y sin hacer referencia al origen del descubrimiento.

Siendo así, los británicos contactaron a un agente en México, conocido como el ’Señor H’, quien obtuvo una copia del telegrama en la Oficina Central de Correos y Telégrafos de la Ciudad de México. De esta manera, el telegrama fue entregado por el almirante William Hall al ministro de Relaciones Exteriores británico, Arthur James Balfour, quien a su vez lo remitió al presidente Woodrow Wilson mediante el embajador estadounidense en Londres, Walter Page.

En México, a pesar del descubrimiento del telegrama por parte de los británicos y estadounidenses, von Eckardt contactó al Secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno Mexicano, el General Cándido Aguilar Vargas, hasta un mes después de que dicho telegrama fuera originalmente enviado, dándole a conocer las propuestas de su país.

Al poco tiempo de recibirse el telegrama, Venustiano Carranza comisionó un consejo militar para verificar la validez de las propuestas de Alemania; así como analizar la viabilidad de un enfrentamiento contra los Estados Unidos.

Y el resultado, como era de esperarse para esa turbulenta época, confirmaba que sería desastrosa una ofensiva mexicana para recuperar antiguos territorios.

Uno de los generales que se negó a esta propuesta fue Álvaro Obregón, entonces Secretario de Guerra, pues consideró arriesgado emprender una campaña militar contra el país vecino.

Se argumentaba militarmente hablando que un ataque a los Estados Unidos provocaría una severa respuesta bélica; y en esos años los estadounidenses contaban ya con un ejército de tierra y una marina de guerra bastante más numerosos y mucho mejor armada que las fuerzas mexicanas.

Además, la Gran Guerra seguía desarrollándose en Europa, en donde Alemania luchaba en dos frentes y sufría el bloqueo naval británico, por lo que parecía casi imposible que estuviera en condiciones de proveer armas a México en cantidades suficientes para las hostilidades que se avecinarían.

Por otra parte, el Gobierno Mexicano estaba más preocupado por la Expedición Punitiva al mando del General Pershing para capturar a Pancho Villa; y la rebelión armada de Emiliano Zapata en Oaxaca y regiones vecinas, que estaba en pleno auge, por lo que las fuerzas armadas mexicanas estaban ya bastante ocupadas en sofocar las revueltas zapatistas y villistas, haciendo imposible que actuasen eficazmente en una guerra exterior.

La situación interna de México mostraba que el régimen de Carranza no podía asegurar plenamente el control sobre todo el territorio, lo cual hacía riesgoso embarcarse en un conflicto internacional teniendo conflictos internos muy complicados.

Además, socialmente hablando, en el remoto caso de un éxito, México carecía de la capacidad para reubicar a la población angloparlante entre sus fronteras; y tomando en cuenta que los civiles estadounidenses de esas regiones estaban armados, serían fuente de continuos conflictos y revueltas; y el Gobierno Mexicano tampoco tenía recursos ni medios para movilizar colonos leales a México a esos territorios.

Mientras tanto, a nivel internacional, el 3 de marzo de 1917, el ministro Arthur Zimmermann confirmaba en Berlín la autenticidad del telegrama, y el 29 de marzo lo repitió en un discurso explicando su visión de la situación. Zimmermann argumentaba que no había escrito una carta directamente a Venustiano Carranza, sino que le había dado instrucciones a su embajador en México por una vía ’que le parecía segura’; y sostuvo que, a pesar de la ofensiva submarina alemana, esperaba que los Estados Unidos permanecieran neutrales.

Esa confirmación por parte de Zimmermann provocó un ánimo anti alemán entre los estadounidenses. Woodrow Wilson respondió a esta manifestación de hostilidad hacia los Estados Unidos solicitándole al Congreso que se armaran las naves estadounidenses para que pudieran defenderse de potenciales ataques submarinos alemanes. Luego, el 2 de abril, Wilson le solicita al Congreso que le declare la guerra a Alemania; y el día 6 de abril el Congreso acepta su petición y los Estados Unidos le declaran la guerra a Alemania.

Considerando, pues, los factores internos y la situación internacional, Carranza declinó la oferta de Arthur Zimmermann hasta el 14 de abril de 1917, fecha para la cual los Estados Unidos ya había entrado a la Gran Guerra y retirado a sus tropas del territorio mexicano. De esa manera, Carranza mantuvo el poder sin asuntos complejos de política internacional y se pudo dedicar a reorganizar la política interna de México.

Actualmente el Telegrama Zimmermann se encuentra resguardado en el volumen R16919 del archivo histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores de Berlín. Está signado por Arthur Zimmermann y otros funcionarios de altos rangos alemanes. Fue escrito por Arthur von Kemnitz, un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania y tuvo correcciones del director del departamento político, Ernst Freiherr Langwerth von Simmern.


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