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Orientada Mexiquense (Ganado)

La cuenca lechera de Texcoco (2)

Antonio Huerta Paniagua.

La cuenca lechera de Texcoco (2)

Ganadería

Abril 26, 2021 23:41 hrs.
Ganadería Nacional › México Estado de México
Antonio Huerta Paniagua. › Divergencias Informativa

A. Hurta P. / C. García C. / I. Rodríguez R.

La Ganadería Después de la Colonia

Después de la etapa de la Colonia y de otros acontecimientos en la historia de México, muchas haciendas perduraron gracias a componendas con los Insurgentes mediante sobornos o el pago de disimulos para que no fueran atacadas y se les permitiera transportar sus productos a la Ciudad de México u otras ciudades. De esa manera, siguieron funcionando. Por ejemplo, en la región de Texcoco, Don José Ma. Cervantes, dueño de la Hacienda Molino de Flores, le daba fuertes cantidades de dinero a los Insurgentes para evitar que asaltaran su hacienda. Al respecto, se sabe que le obsequió al insurgente José Miguel Serrano un costoso coche. En el caso de la Hacienda de Chapingo, su dueño, el Marqués de Vivanco, estaba casado con Doña Luisa Vicario Elías, que era la hermana de Leona Vicario, esposa de Don Andrés Quintana Roo, así que los Guadalupe le proporcionaban cierto apoyo. Otras haciendas con situaciones similares fueron la Hacienda La Grande (y la Chica), en Tezoyuca; y la Hacienda de Santa Cruz de Prado Alegre, en Chiconcuac.

De tal suerte fue que la Guerra de Independencia no afectó en gran medida las actividades económicas fincadas en la Colonia, la agricultura y la ganadería. Pero, después, durante casi todo el Siglo XIX, se desataron una serie de guerras intestinas e invasiones externas que no le permitieron del todo a México despegar económicamente hablando. Ese decimonónico siglo fue muy turbulento, y no fue sino hasta finales de dicho siglo, a partir de la etapa conocida como la República Restaurada y luego en el Porfiriato, que se empezó a vislumbrar cierta paz y crecimiento económico en varios sectores productivos, pero con grandes problemas alrededor de los sistemas de explotación y la distribución de la riqueza, lo cual desembocaría a principios del Siglo XX en la Revolución Mexicana.

Pero antes, en lo pecuario, con la conformación de las haciendas tanto la producción agrícola como la pecuaria prosperaban. Por ejemplo, de la hacienda de Chapingo se consigna que, para el año de 1891, cuando era su dueño el General Manuel González Flores, presidente de México de 1880 a 1884, se criaba ganado fino; y que sus principales ingresos eran por la venta de pulque, de madera, del mismo ganado fino y de leche.

De acuerdo con la investigación de María Elena Mancilla, en el año de 1911, en algunas haciendas y ranchos de la región de Texcoco había el ganado que en el Cuadro No. 1 se describe. La Revolución Mexicana prácticamente iniciaba y ese año correspondía aun a la etapa maderista, en la cual la mayoría de las grandes haciendas no se vieron afectadas y continuaron funcionando.

Destaca de este cuadro que el mayor número de animales domésticos en ese tiempo eran ovinos, y le seguía los bovinos. Ya se vislumbraba desde entonces una vocación ganadera en la zona.


Cuadro No. 1. Relación de ranchos y haciendas importantes en el Distrito de Texcoco en 1911, y el número de animales domésticos que poseían.

Hacienda o rancho Tipo de ganado
Vacuno Caballar Asnal Mular Ovino Caprino Porcino
H. de Chapingo 656 32 45 263 987 1 292
H. La Blanca 8 4 0 24 30 0 8
H. Tepetitlán 203 40 15 20 301 510 0
H. Santo Tomás 20 0 0 12 0 0 0
H. Molino de Flores 70 8 0 50 0 0 0
H. Tierra Blanca 0 0 23 0 238 0 0
R. Xolache 64 9 0 37 179 0 0
R. Montecillo 100 20 1 30 0 0 10
R. Tolimpa 25 1 0 14 0 0 0
R. La Concepción 23 5 1 5 6 0 0
R. Jerusalén 8 8 0 4 0 0 0
R. Zumpango 6 2 0 7 0 0 2
R. La Salitrería 13 2 0 6 3 0 3
Total 1,196 131 85 472 1,744 511 315

ORIGEN DE LA CUENCA LECHERA DE TEXCOCO

El origen de la Cuenca Lechera de Texcoco, como el de otras cuencas lecheras, se debió principalmente a los siguientes acontecimientos: 1. Al estallido de la Revolución Mexicana, la forma como ésta culminó y sus efectos en las grandes haciendas; 2. A las políticas de los gobiernos posrevolucionarios en cuanto al desarrollo agropecuario; 3. A la situación geográfica de Texcoco, principalmente su cercanía a la ciudad de México; 4. A la composición de la sociedad texcocana, su cultura e idiosincrasia en las décadas de los años veinte a los cuarenta del siglo pasado; y 5. A las características físicas de la zona, principalmente a la disponibilidad de agua. Y todas estas causas entremezcladas.

La Revolución Mexicana y los Repartos Agrarios

En 1910 estalla la Revolución Mexicana y, sin detallarla ni calificarla, ésta causó graves daños al entonces sector primario. Hubo un abandono de tierras de labor por grupos de campesinos que se unieron al movimiento armado, numerosas haciendas fueron atacadas y saqueadas y dejaron de producir. Y al finalizar este movimiento sociopolítico, con los repartos agrarios las grandes haciendas se atomizaron y se crearon los ejidos, aunque en muchos casos los cascos de las grandes haciendas, con cierta superficie de tierras, siguieron perteneciendo a los antiguos hacendados o a sus descendientes, quienes generalmente eran españoles o de ascendencia española. Se crearon también con esos repartos las pequeñas propiedades (pequeñas en comparación con la extensión original de las haciendas porfirianas).

En la región texcocana, al momento de los repartos agrarios, por un parte las mejores tierras de las zonas aluviales quedaron en manos de habitantes de la ciudad de Texcoco y de las comunidades aledañas a dicha ciudad; así como también en manos de los viejos hacendados o de sus descendientes, quienes seguían teniendo el capital, el conocimiento y las formas de organización para reiniciar diferentes procesos de producción en esas tierras. Por otra parte, la mayoría de las tierras de temporal, con ciertas restricciones físicas y climáticas, localizadas rumbo al somontano de la Sierra Nevada, y que eran las peores, se les repartieron a los campesinos (futuros ejidatarios o pequeños propietarios) de las comunidades de la montaña.

Adicional a lo anterior, algunos pocos predios fueron abandonados sin definir su situación ni propietario alguno, y simplemente fueron ocupados o invadidos por habitantes de poblados cercanos a éstos.

Las Políticas Gubernamentales

Tras este panorama estaban las políticas de los gobiernos federales y estatales posrevolucionarios en turno que motivaban y promovían el desarrollo de una ganadería intensiva alrededor de las grandes ciudades para que se pudiera abastecer a las crecientes poblaciones citadinas de carne, leche y productos lácteos, así como huevo fresco. Esto favoreció el establecimiento de varias cuencas lecheras periurbana en diferentes partes de la República Mexicana. Una de las regiones lecheras más importantes en México fue el cinturón formados por las cuencas lecheras de Ixtapaluca, de Texcoco de Ecatepec, de Cuautitlán y de Tizayuca en la periferia oriente, noreste y norte de la capital del país, que entonces abastecían a la población del Distrito Federal y municipios conurbados a la ciudad de México. Pero no nos adelantemos y regresemos a los años veinte y treinta del siglo pasado.

En aquel escenario, por una parte, algunos ex–hacendados estaban dispuestos a vender lo que les quedaba de sus propiedades y muchos ahora pequeños propietarios también vendían sus tierras o las rentaban; e incluso, había comunidades cuyos habitantes, igualmente, estaban dispuestos a vender tierras; y por lo general, este grupo carecía de conocimientos pecuarios suficientes como para emprender una explotación ganadera. Por otra parte, había españoles con los conocimientos y con una vocación ganadera dispuestos a comprar o rentar esas tierras para ejercer, precisamente, su vocación.

Cronistas locales y descendientes de los dueños de los ranchos que había en la región de Texcoco, coincidiendo, cuentan lo siguiente:

’En Texcoco, para esos años, ya había una colonia de españoles. Eran varias familias, muchas de ellas emparentadas entre sí. Fueron esos españoles, más los que iban llegando, los que empezaron a comprar tierras para conformar los ranchos lecheros. Por ejemplo, fue el caso los hermanos Morán: Amador, Máximo y Ricardo, oriundos de León, España. Ellos le compraron el Rancho el Rosario a la familia Romero, una familia originaria de Texcoco, dueña de tierras y de ese rancho. Los hermanos Moran luego fueron comprando más tierras y finalmente ampliaron el tamaño del rancho. Y así hubo otros casos más.’

Dos ejemplos más: El primero: En 1925, procedente de Pachuca, Hidalgo, llegó a Texcoco el Señor Zoilo Mir Bernal, quien era originario de Malcocinado, partido de Llerena, provincia de Badajoz, España. Él, les compró al Ing. Henri Joaumen y a su esposa, la Señora Dolores Oleire de Joaumen (vecinos de Texcoco, pero de nacionalidad francesa ambos), un predio en el que estableció el Rancho Los Ahuehuetes.

El segundo ejemplo: En 1910, el Señor Isidoro Rodríguez González, originario de El Pomar de Vegamián, provincia de León, España, llegó a México; y en 1928 compró varios terrenos en Texcoco para conformar el Rancho El Progreso, en total 13 predios. Estos predios se los compró a las familias Monsalvo, Arnaiz, Galicia y Solares, entre otras; así como a la comunidad de Montecillo; y también adquirió un casco que perteneció a la Hacienda de Chapingo y que era utilizado para embotellar leche manualmente (sin pasteurizar); ese casco se llamaba Rancho Beltrán.

En pocas palabras, la situación que de alguna forma imperaba en la región de Texcoco al final de la Revolución Mexicana y durante los años inmediatos a ésta, era que había cierta disponibilidad de predios (gente dispuesta a vender sus tierras) y facilidades para adquirirlos. Aparte de las condiciones físicas y climáticas que facilitaban la ganadería.

Continuará parte 3


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