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Lo que había atrás del ’Sueño Bolivariano’

Rodolfo Villarreal Ríos

Lo que había atrás del ’Sueño Bolivariano’

Periodismo

Abril 02, 2021 19:31 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

A lo largo de los tiempos, todos hemos escuchado, y algunos hasta romantizado, acerca del llamado ’Sueño Bolivariano.’ Lo que alrededor de eso se ha vendido es una América Latina idílica en la cual todas las naciones se ponen de acuerdo y actúan al amparo de un manto angelical que hace desaparecer ambiciones e interés individuales para que todas como una actúen cual frente unido y de ahí al crecimiento y desarrollo económico por los siglos de los siglos. Todo en el papel luce esplendoroso y seguramente no faltara quien se imagine que, de haberse conseguido, o algún día sea factible alcanzarlo, entonces los habitantes de las naciones latinoamericanas viviremos en el nirvana. Nunca se han ido de nuestra mente aquellas transmisiones, en cadena nacional, previas a la celebración del Grito de Independencia de nuestro país durante la década de los años sesenta del siglo pasado. En el preámbulo mencionado recordamos a un locutor que peroraba acerca del ’Sueño Bolivariano.’ Antes de seguir, vale mencionar algo acerca de ese animador quien cuando vivía sus días de gloria nunca se paró, y nada hizo, en pro el pueblo en donde nació; eso sí al momento en que su estrella casi se extinguía le salió un amor súbito por su sitio natal al que visitó y sus ’paisanos’ le compraron los espejitos, lo homenajearon como si algo le debieran o los vidrios fueran láminas de oro. Pero retornemos a los años sesenta cuando esa persona clamaba por la aspiración de que algún día existiera una sola América. No sabemos si aquello lo hacia por encargo de alguien, por convencimiento o porque desconocía lo que realmente era el ’Sueño Bolivariano.’ Dado nuestro conocimiento escaso sobre el tópico, decidimos recurrir a lo que uno de nuestros autores favoritos, el padre del Liberalismo Mexicano, el doctor José María Luis Mora Lamadrid escribiera, en 1836, respecto al tema.
Antes de entrar directamente al tema, debemos de precisar que ese ’sueño bolivariano’ fue generado a partir de la ambición de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, a quien conocemos simplemente como Simón Bolívar. Este personaje, héroe máximo de Venezuela por haber logrado su independencia, pronto se percató de que el espacio de esa nación era poco y, en diciembre de 1819, creó la Republica de Colombia cuya extensión abarcaba lo que hoy son las naciones de la ya mencionada Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá. Mas tarde, sin embargo, el criollo venezolano estimaría que aquello no era suficiente. En 1823, las autoridades de Perú le extendieron una invitación y, tras nombrarlo, autoridad suprema, le encarga se aboque a combatir al ejercito realista. En febrero de 1824, el Congreso de Perú le entrega todo el poder y Bolívar se convierte en la autoridad máxima de ese país por el cual no sentía mas que desprecio llamando a sus habitantes. Ello, no le impidió, su ambición de poder era mayor, lograr tras la batalla de Ayacucho derrotar a los realistas en 1824 y consolidar la independencia peruana. Sin embargo, el 10 de febrero de 1825, ante el Congreso Peruano reunido en Lima, Bolívar renuncia los poderes ilimitados que le habían sido conferidos. Dos días más tarde aquel cuerpo decreta honores y recompensas al Ejército y al Libertador, pero éste no acepta el millón de pesos que se le ofrecían particularmente. Sale luego de la capital para visitar a Arequipa, El Cuzco y las provincias que entonces se llamaban del Alto Perú. Éstas se constituyen en Nación, y lo hacen bajo la égida del héroe: «República Bolívar», se llamó la que hoy conocemos con el nombre de Bolivia. Con ello en mano creyó tener la capacidad de abarcar su poderío a lo largo de todo el Continente Americano. Dado que no podía hacerlo vía el sometimiento militar, Bolívar ideó vender una quimera detrás de la cual ocultaba su ambición.
Respecto a ello, el doctor Mora Lamadrid escribió: ’hablemos de un proyecto tan vasto como irrealizable concebido por el general Bolívar, libertador, presidente de Colombia, y que consistía en un congreso diplomático que, compuesto de los plenipotenciarios de todas las naciones americanas, estableciese entre ellas una Confederación igual a la de las potencias de Europa conocida con el nombre de Santa Alianza.’ Pero el Liberal guanajuatense no tomaba veredas para emitir su opinión respecto a ese plan. En forma directa indicaba que ’Bolívar, cuya ambición desmedida no se contentaba con los laureles recogidos en su patria, pretendía nada menos que fijar la política del continente y dar el tono a todas las negociaciones diplomáticas de las naciones establecidas en él.’ Sin embargo, don José María Luis destacaba que Bolívar estaba bien consciente de la dificultad que entrañaba tratar de venderse como el adalid de las causas nobles y extender el su influencia y dominio hacia todos los países, ’especialmente a México cuya notoria superioridad sobre las nuevas republicas en orgullo nacional, riqueza, Ilustración y cordura, había de ver con cierto menosprecio las miras de un extranjero que pretendiese tener él la importancia política.’ Ante esa verdad, Simón no encontró ’otro medio para sujetarla de algún modo a su dirección que el de comprometer a su gobierno en un congreso diplomático que se proponía dominar, invitó a todos los nuevos gobiernos americanos para que mandasen sus plenipotenciarios a Panamá, con el pretexto de reunir sus esfuerzos contra el enemigo común; pero con las miras reales de someterlos a todos a esta nueva autoridad que se debía hallar bajo de su influencia.’
Asimismo, el Liberal mexicano sustentaba su postura en contra de la alianza propuesta por el venezolano, a partir de explicar la orografía y la carencia de comunicaciones y pertrechos marítimos. En este sentido respecto a lo primero precisaba: ’desde luego se advierte que nada era menos accesible, que lo que se pretextaba, e intentaba hacer por medio de semejante congreso. Reunir las fuerzas de naciones esparcidas en un continente vastísimo, de población muy escasa, separadas por centenares de leguas, por desiertos inhabitados, y por montañas y desiertos inasequibles, es el mayor de los delirios.’ En relación con lo segundo espetaba que ’si al menos estas naciones tuviesen alguna marina respetable, el proyecto aparecería menos extravagante , pues sus comunicaciones serian en este caso menos difíciles, y aunque con gastos inmensos, más perjudiciales que la invasión que se trataba de precaver , una escuadra combinada podría acaso impedirla; mas no teniendo cada una de ellas, ni todas juntas elementos ningunos para formar una armada que pudiera llamarse tal, menos podrían prestarse oportunamente y con fruto auxilio ninguno en los casos apurados.’ Para precisar indicaba cuales eran las circunstancias en que los países operaban en el Continente europeo.
Mora Lamadrid escribía que ’en Europa las grandes potencias pueden confederarse y obrar de concierto porque todas están en contacto, tienen marina, caudales y tropas de que disponer, todo con inmediación a cualquiera de los todos los puntos en que se ofrezca obrar. Además, las fuerzas militares, en todas direcciones atraviesan un terreno todo poblado, que con más o menos dificultad siempre ofrece lo medios de subsistir.’ En contraste a esta situación, ’en América , como hemos hecho ver, falta todo esto , y así la pretendida Confederación entre las naciones que la habitan es de tan fácil ejecución como la que se pretendiese hacer con los habitantes de la luna.’ Pero esas no eran todas las dificultades que enfrentaba la engañifa encubierta de solidaridad que planteaba el general venezolano.
Existían otras circunstancian, acorde con Mora, ’las dificultades morales del proyecto no eran inferiores a las físicas; por él se pretendió subordinar a los nuevos gobiernos, en los puntos delicadísimos de diplomacia, guerra y hacienda, a un poder continental extraño a cada uno de ellos, que no se sabía ni podía presumirse el uso que haría de las fuerzas reunidas y del cual a nadie sería responsable. Y esto ¿en qué circunstancias? en las menos a propósito para conseguirlo.’ Era muy importante revisar el contexto de lo que en aquellos días se vivía y que no debería de hacerse a un lado.
El padre del Liberalismo mexicano apuntaba que lo pretendido se daba justo en el momento ’cuando las nuevas naciones acababan de sacudir el yugo español; entraban por la primera vez en el ejercicio de su soberanía; se saboreaban más en él y de consiguiente se hallaban más celosas de todo aquello que aun remotamente pareciese ofenderlo.’ Para Mora Lamadrid, ’a pesar de ser tan obvias, sencillas y fuertes estas consideraciones y de hallarse al alcance hasta de los menos advertidos, de todos los gobiernos invitados a mandar sus plenipotenciarios solo lo reusó el de Buenos Aires, tal era el espíritu de ostentar en, América, un poder tan formidable como el de la Santa Alianza en Europa.’ Aquí, cabe hacer una precisión, de los once países que originalmente se pronunciaron por acudir, solamente lo hicieron Perú, Colombia, México y los de Centroamérica. Los gobiernos de Argentina y Chile deciden no asistir, el primero por rechazar abiertamente cualquier sujeción a Bolívar y el segundo por una abstención efectiva. Por su parte en Brasil, el emperador Pedro I, consciente de que las otras naciones latinoamericanas no veían con buenos ojos los regímenes monárquicos ordenó que su comisionado plenipotenciario, Theodoro José Biancard, cancelara su participación. Seguramente usted, lector amable, se preguntará y que papel jugaba nuestro vecino del norte ante esta jugarreta que intentaba hacerles Bolívar al tratar de erigirse en el gran poder del continente. Dejemos que el doctor Mora nos lo responda.
’Los Estados Unidos del Norte no habían sido invitados para el congreso por la sencilla razón de que Bolívar , lejos de ver en esta poderosa nación un instrumento dócil , la consideraba justamente como el mayor obstáculo a sus designios; pero el gabinete de esta república , que jamás se ha dormido en promover sus intereses, persuadido justamente de que podría promoverlos con fruto en el nuevo congreso sacando de él ventajas considerables a su política y comercio, se ofreció a ser una delas partes que concurriesen por medio de sus plenipotenciarios y fue admitida como tal, pues no era posible reusárselo.’ Pero veamos quienes acudieron finalmente al Congreso convocado por Simón.
Recordando siempre la premisa de nuestros profesores de historia, ’cuando utilices información de otros, no olvides señalar la fuente, sino lo haces es plagio…’ citamos lo que German A. De La Reza escribe en ’El traslado del Congreso anfictiónico de Panamá al poblado de Tacubaya (1826-1828).’ Acorde a este especialista en el tema, ’Las conferencias se celebran en la sala capitular del Convento de San Francisco [en la ciudad de Panamá] entre los días 22 de junio y 15 de julio de 1826. Cada sesión es presidida de manera rotativa por los representantes de Colombia, Centroamérica, Perú y México.’ Respecto a quienes acudieron y los que estaba programado asistirían, pero no lo hicieron, De La Reza apunta: ’Los primeros delegados en concurrir a Panamá son Manuel Lorenzo Vidaurre y José María Pando en junio de 1825. Su adelanto de seis meses con respecto a la llegada de cualquier otro ministro se explica por el plazo estipulado en la convocatoria, agosto o septiembre de 1825, atendida sólo por el Gobierno del Perú presidido por Bolívar. El 11 de diciembre arriban los representantes de Colombia, Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez, con los cuales Vidaurre y Pando intercambian visitas e inician una serie de discusiones informales para conocer las posiciones de sus respectivos gobiernos. El 18 de marzo de 1826, desembarcan los centroamericanos Pedro Molina Mazariegos y Antonio Larrazábal y Arrivillaga. Dos semanas después llega Manuel Pérez de Tudela en reemplazo de Pando, nombrado por Bolívar Ministro de Relaciones Exteriores y, finalmente, el 4 de junio los mexicanos José Mariano Michelena y José Domínguez Manso. El primero de junio se les había unido el observador inglés Edward James Dawkins Esquire,11 mientras que el coronel Jan Verveer, el enviado holandés, lo hace el 7 de julio, una semana antes del final de las negociaciones.’ Con esto en mano, retornemos al texto de Mora Lamadrid.
’Los plenipotenciarios de México, Colombia y Centroamérica, sin aguardar a los demás celebraron tratados en que se fijaba el continente de fuerzas marítimas y terrestres con que cada nación debía concurrir a formar el poder de la confederación, y fijaron todos los puntos en que debían someterse al nuevo congreso las naciones que la componían.’ Sin embargo, las cosas no apuntaban hacia donde Bolívar lo deseaba por lo cual, según Mora, aprovechó que ’la casualidad [le] había abierto caminos más reales para ensanchar su poder que los que podría ofrecerle el quimérico del congreso de Panamá , abandonó a este a su suerte y seo cupó ,después de haber conquistado al Perú, en desmembrar de esta república parte muy considerable de su territorio para crear otra que lisonjease su vanidad llevando su nombre.’ Y ahí creó lo que hoy conocemos como la republica de Bolivia. Mientras tanto, el Congreso quedó al garete, pero no faltó quien quisiera aprovechar la situación.
Mora Lamadrid relata que ’entonces, aunque con menos medios pero con la misma ambición que el libertador de Colombia , D. José Mariano Michelena plenipotenciario por México , pretendió apoderarse del congreso y con el del predominio sobre todas las nueva naciones no por el prestigio de la gloria militar , sino por el influjo de un hábil negociador; pero este hombre carece de las disposiciones necesarias para una empresa de tanto tamaño , así es que aunque logró trasladar el congreso a México, lo había antes ya totalmente desopinado por la precipitación en ocuparlo de acuerdos sin la concurrencia de muchas de las partes que debían autorizarlos, y la festinación en tocar con poca delicadeza puntos , que aun presentados con cautela , por rozarse con la soberanía de las naciones interesadas , debían necesariamente alarmarlas . Lo mismo fue llegar el congreso a México que quedar sepultado en el olvido, pues ni aun un local se pudo conseguir para sus sesiones que no llegaron abrirse .Las cámaras y el gobierno mexicano vieron con menosprecio sus acuerdos delos que nunca se ocuparon; y este cuerpo ,sin que nadie hiciese alto en ello ,se disolvió , por el retiro delos miembros que lo componían a sus países respectivos ,que habiendo entrado por entonces en revolución , no volvieron a acordarse de sus plenipotenciarios ni del poder continental con que se había procurado meter tanto ruido.’
Como se puede observar en el texto, el padre del Liberalismo mexicano no era de aquellos que creyesen que para librarse de un yugo era necesario colocarse otro. Sin embargo, el asunto del ’Sueño Bolivariano’ ha prevalecido a lo largo del tiempo, mientras se trata de vender como un ideal, aun cuando en realidad para lo único que se utiliza es para encubrir aspiraciones monárquicas y dictatoriales que terminan por sumir a las naciones en la pobreza. Si alguna duda existe al respecto, basta con girar la mirada hacia el sur y veremos en que ha terminado esa propuesta que eso sí cumple, con la idea original de Bolívar, convertirse en el gran dictador que benévolamente (¡!) decida la vida y destino de un pueblo o de aquellos que acepten someterse a su egida que no necesariamente habrá de redituar resultados positivos. Por ello, es importante recordar que las promesas de arribar al nirvana solamente son quimeras que envuelven ambiciones dictatoriales de lideres mesiánicos hambrientos de poder. Cada vez que alguien por ahí le quiera convencer de las bondades del ’Sueño Bolivariano,’ recuerde que tras de eso el criollo venezolano, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco aspiraba a convertirse en el monarca de América Latina, ese era su sueño verdadero. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (21. 13.43) Como se pudo observar en Tulum, la generación de la brutalidad no tiene género.
Añadido (21.13.44) Los problemas de violencia que se viven en los Estados Unidos, no nos cansaremos de repetirlo, no son producto del uso de las armas, cualquiera que sea su tipo, sino de la sociedad que han creado a partir de las miasmas generadas en Hollywood, la televisión, los video juegos, las adicciones a los juguetes electrónicos y la corrección política. Mientras no se actúen en contra de esos males, seguirán suscitándose las tragedias.


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